This modern love, breaks me

Me dueles, dicen los amorosos cuando una historia llegó a su fin, en el momento en que los caminos se separan y cada quien sigue por su lado. La rabia, quizás impotencia, el apego, la costumbre, aquella rutina… Porque hasta la relación más espontánea se convierte en rutina. Todo se extraña. Todo duele dejar.

Después viene el miedo, a no saber cómo volver a comenzar, a no querer comenzar de nuevo. El miedo, aunque todo esté bien siempre habrá miedo.

“Nunca fuimos novios” dijiste aquel día, con el torso desnudo, mirándome mientras yo jugaba con el perro, “tienes que aprender a dejarlo ir”.

“Lo sé por eso estoy aquí, porque  a pesar de todo lo que siento por ti sé que si hubiéramos sido novios, yo a estas alturas ya no querría volver saber de ti” —repuse honesto—. Tu mirada cambió quizás por unos segundos, hubo resentimiento, tal vez adivinaste que pese a todo, nunca te quise a ciegas que siempre supe que eres una persona difícil de amar.

Llegué por voluntad propia, te pedí vernos, te busqué con el pretexto más absurdo, porque no importaba la razón, yo sólo quería verte, estar contigo, llegué puntual, y permanecí, a pesar de todo, de esperar que volvieras de la casa de tu novio, me quedé, creí tus palabras o por lo menos fingí bien creerlas, ¿no pasó nada entre ustedes hoy? ¿Y entonces por qué demoraste tanto?, ¿por qué tienes ese olor característico de una noche de alcohol y sexo? ¿Por qué me mirabas de esa forma camino a tu casa?

Con la firme convicción de pedirte que no nos volviéramos a ver permanecí con esa profunda tristeza, convencido de no querer más mensajes nocturnos, notas de voz con canciones pop, no más ver películas con tus piernas sobre las mías, no más convidarme de tu comida poniendo un trozo  con tu mano en mi boca, lo dije, apreté los puños y lo pedí.

“Tú y yo no somos amigos, yo no trato así a mis amigos, ni ellos me tratan como tú, vamos dejando las cosas claras” te dije mientras me mirabas a contraluz. Desilusionado.

“Ojalá las cosas no terminaran así”, dijiste con voz queda y esa mueca, esa que tanto me da risa y me hace sentir culpable al mismo tiempo. Éxito. Cuídate. Adiós. Ha sido un placer conocerte… Y entonces, si yo te pedí que te fueras ¿por qué me dueles tanto?

Me duele la perfección de una ilusión que sólo se quedó en eso, en intención, me duele el amor callado por ambas partes a destiempo, los momentos increíbles, las risas incontenibles, los abrazos cálidos, los besos mágicos.

Cuando atesoramos un amor de la forma que vale la pena quedarse ahí a pesar de continuar con tu vida, el debate está en soltarlo y que se olvide o recordarlo y que permanezca en el recuerdo, ¡seremos eternos!, viviremos en algún lugar de nuestro corazón y hasta que la memoria lo permita también permaneceremos así, jóvenes, atractivos, haciendo una bonita pareja.

Es un final afortunado, sin insultos, sin reclamos, sin heridas, sin tragos amargos. Una historia que perdura por el tiempo, que le contaré a mis hijos y a mis nietos, una historia que terminó, Y hoy, en la fecha de tu cumpleaños me doy cuenta de eso, pero que por la amistad tan linda que tuvimos, te prometo que jamás dejaré que muera. Hasta que desaparezcas, hasta que te me olvides.

Te hice un playlist por tu cumpleaños, habla de ti, de mí; de los dos y de ninguno al mismo tiempo.

08/11/15

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