A song to say goodbye

LA VIDA SIGUE La vida sigue –dicen–, pero no siempre es verdad. A veces la vida no sigue. A veces solo pasan los días.

¿Cómo se hace para continuar el día a día cuando apenas encuentras energía para abrir los párpados por la mañana cuando la luz del sol toca tu cara?

“Tienes que aprender a dejarlo ir”, me dijo la última vez que nos vimos, y jamás en el tiempo que teníamos de conocernos habíamos estado tan de acuerdo en algo. Ya más humano, menos divino, con los defectos que jamás vi, que nunca noté o que simplemente antes había ignorado.

Un 27 de julio, nació mi padre que hoy cumpliría 79 años, con la misma fecha recuerdo a una exnovia, porque cumplían años el mismo día. El calendario marcaba la fecha idéntica cuando hace un par de años, con el pretexto de ir juntos a una fiesta él vino a verme, a pasar la noche juntos, comer tacos, beber cerveza y reír. Siempre reír. Por que es su virtud más valiosa, porque amo su sonrisa. Y hoy, se fue y quizás tampoco nos volvamos a ver.

El amor se siente en la sangre, el corazón sólo se encarga de ayudarle a llegar a todo el cuerpo. Tengo la hombría rota, por no permitir que pasara lo que desde hace mucho tiempo tuve ganas de que sucediera, porque los hombres estamos supuestos a pensar con el glande y debió pasar, aunque después nos odiáramos, a pesar de que después dijera que he sido su peor amante a pesar de todo debió pasar. Y con todo eso jamás en mi vida me sentí tan hombre como esa vez que estuvo entre mis brazos; abrazando mi cintura con sus piernas y tomando mis nalgas con las manos.

Escribo esto porque no tengo valor de llamarle por teléfono, de mandarle un mensaje, de volver a oír su voz sin quebrarme. Nunca fuimos más de lo que “hubiera estado padre ser” y con eso me condenó “nunca anduvimos” dijo, “lo sé, todos los días me lo repito”, repuse en mi mente.

Quise hacerle el amor y que me lo hiciera a mí. Y entonces, se sana la herida, sé que hice lo correcto, y me quedo tranquilo porque no hay rencores, porque no hubo dolor o sufrimiento porque ninguno de los dos conoció lo peor de cada uno.

Y hasta el día que la vida quiera volvernos a juntar, si pasa. Sigue, no te detengas, a pesar de todo, a pesar de miedo, a pesar de la soledad, a pesar de la angustia, a pesar de la ansiedad y ten la seguridad de que tus triunfos son compartidos hasta aquí, hasta este pecho que todavía late cuando recuerda tu boca.

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