La línea delgada que separa al humor del dolor

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Está de moda ser gracioso, es cool ser chistoso y que la gente piense que lo que se te ocurrió a ti no le pudo pasar por la mente a nadie más. Las bromas pesadas han servido para que todos los attention whores, satisfagan la necesidad de sustituir carencias emocionales en las redes sociales. Pero quizás sea mi situación actual la que me obligó a voltear la cara al lado de la comedia y tratar de llegar arrastrándome hasta un lugar mejor del que me encontraba en ese momento. Y después de analizarlo mucho lo entendí; tenía 2 opciones: hundirme en la depresión o aprender a tomarlo con sentido del humor y salir adelante.

Soy un hombre soltero de 27 años, sin casa propia, ni coche, sin un quinto en el banco, inestable emocionalmente, con una familia llena de problemas, mi padre se murió hace 7 años y mi madre se ha partido el lomo desde que tengo memoria para ser el ser humano que más admiro en el mundo. Y vivo aterrado de que un día ya no esté.

A veces, la gente ve con exasperación el abuso de querer hace mofa de todo, el darle en el talón de Aquiles a quien se me cruce en el camino, de reírme cuando me contestan el insulto, del cinismo de mentar lo que está en la cabeza de muchos pero no cualquiera se atreve a pronunciar.

Sin embargo, aprender a reírse de las cosas que están pensadas para hacer sufrir, no es nada fácil, requiere una aceptación de la realidad, una concientización de todo lo que está mal en el mundo y valor para aceptarlo con todo lo horrendo que es y no permitir que eso nos afecte más de lo debe. viví muchos años haciéndome la guerra, complicándome más de lo que la vida ya era  de por sí, odiando mi cuerpo, mi nariz gruesa y redonda, mi cutis de púbero lleno de barros y espinillas, mis dientes chuecos que jamás arreglaron mis padres, mi panza grande y flácida porque nunca me gustó hacer ejercicio.Mi voz nasal que quedó así después de un accidente en el que se me rompió el tabique de la nariz y a consecuencia de eso recurrentemente parece que estoy gangoso.

Y la vida se puso peor, salí de la universidad con el mejor promedio de toda la generación y ejercer mi profesión se convirtió en una misión imposible, soy orgullosamente comunicólogo, talentoso e inteligente que se le ha negado el voto de confianza por falta de experiencia, y meses atrás me enamoré, y me rompieron el corazón.

Y me pasó, me enamoré de quien no tenía que enamorarme, de la persona equivocada, (o eso pensé hasta que me di cuenta que no era ni lo correcto ni un error necesariamente),  de quien no se suponía que pasara y me rompieron el corazón, y yo también lastimé a esa persona y causé heridas difíciles de sanar, y  después de eso ¿qué?

Vivimos en una sociedad hipócrita en la que las personas ven peor que te rías y te burles de lo que te que si bebieras todos los días o te drogaras de vez en cuando con el propósito de superar tus problemas (y sí he experimentado también esas cosas).

Son más empáticos por  el alcohólico y drogadicto que por el que se esfuerza todos los días por encontrarle el lado positivo a la desgracia, y el humor no te mata neuronas, y pensar no pudre tu cuerpo, y reírte no es ilegal ni va a dejarte a ti o a tu familia en la calle, o en la cárcel.

Pero la gente no quiere que cambies, no soporta que te rías si le pintaron los cuernos, o si los corrieron del trabajo o si tiene problemas para bajar de peso, o cualquier defecto físico. Te enjuicia por absolutamente todo, porque en lugar de ponerte las esposas en un trabajo que te hace inmensamente infeliz y miserable prefieres sobrellevarla y seguir buscando oportunidades de dedicarte a lo que te guste.

¿Y qué?, qué importa si termino comiendo cartón y pidiendo limosa afuera de una iglesia porque no estoy obsesionado por encontrar un empleo Godínez para ser aceptado socialmente; de todos modos ninguno de ellos me va a dar limosna si les pido dinero.

Y de ellos jamás lo aceptaría porque los amigos reales respetan por sobre todas las cosas tu forma de ser, aun cuando no estén de acuerdo con lo que haces; lo primero es darte su cariño. Todavía más si estaban en lo correcto y tú estabas echando a perder tu vida.

Ahora he encontrado en la comedia y el humor una nueva pasión que se convirtió en obsesión como en su momento fue la carrera que estudié y que me esforcé por ser el mejor todos los días. Y sí también una válvula de escape como el obeso que encuentra consuelo en la comida, o el infiel poniéndole el cuerno a su esposa, o el vigoréxico haciendo ejercicio o el workaholic que prefiere trabajar todo el día para evadir su realidad.

La gente cree en deidades, yo creo en personas reales, que sangran cuando se cortan, que lloran cuando les duele. Y en los comediantes que más admiro encuentro empatía en el arte que ellos dominan: convertir la miseria en risas:

“Estoy inspirado en hace reír a la gente sobre temas que se suponen que los harían llorar” —Anthony Jeselnik.

“La comedia viene del dolor” —Jeffrey Ross.

“Hablar sobre cosas terribles y hacer que la gente se ría de eso es algo positivo” —Louis C.K.

“El humor no se sale de los buenos tiempos, viene del enojo, del dolor, del pesar” —Joan Rivers.

“Puedes tener un sentido del humor jodido y seguir siendo una buena persona” —Colin Kane.

¿Y qué si la gente me va a juzgar por lo que escribo en las redes sociales?, eso dice mucho más de ellos que de mí, eso habla de la falta de inteligencia que tienen y de lo inaptos que son para comprender que si en realidad pensara como finjo pensar en cada chiste que digo ya me habrían mandado matar o estaría en prisión.

Si sienten lástima por mí, alégrese porque el sentimiento es mutuo, a mí también me entristece que no sepan lidiar con sus emociones todavía y que se tomen la vida más en serio que lo que es. Llevo meses en terapia, aprendiendo a quererme, a aceptarme como soy a hacer las paces conmigo y con la vida, a perdonar a quienes me han lastimado y a perdonarme a mí por permitir que esas personas me hirieran sólo por no querer estar solo y si de buenas a primeras eso me convierte en una persona mediocre, lo siento mucho señores pero en la forma en la que lo veo, no son ustedes los que me niegan una oportunidad de demostrar quién soy a lo que valgo. Soy yo el que no quiere tener nada que ver con ustedes. ¡Suerte con eso!

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