Alexitimia

Ser honestos con nosotros, identificar aquellas cosas que no nos hacen bien, no es para nada tarea fácil. Aún cuando se tengan presentes, sucede que el proceso que implica dejar ir aquello que nos ha minado el alma con sus sinsabores, no supone la practicidad de desechar un pañuelo de papel usado; que después de servirnos se irá al bote de basura.

—Respira hondo y continúa leyendo—.

Toma un bolígrafo, sujétalo firmemente sin que te tiemble el pulso, respira profundo, y piensa en aquellas cosas que te dan vueltas en la cabeza, que te acosan, que te atan al calabozo de permanencia voluntaria pero que es adictivo y te da una falsa percepción de refugio y confort.

Grita fuertemente, y tan pronto como te dejen tus habilidades motoras encamina el puño que sostiene el bolígrafo, hacia arriba y llévalo con toda tu furia impregnada en él hacia alguna parte de tu cuerpo; sugiero que sea una pierna; que se clave. Siente cómo traspasa tu piel, y cómo comienza a brotar.

Apenas estarás consiente de lo que acabas de hacer cuando cientos de punzadas comienzan a martirizarte y cada vez incrementa el dolor, pero sana el del alma. Se valiente ahora, lo necesitas, para sanar esa herida que tú mismo provocaste, se más valiente todavía para poderte mirarte en el espejo de tu habitación, y verte a los ojos.

Mírate como lo que eres, un ser humano con su justo valor, ni más ni menos valioso que el resto, mira tus manos cubiertas de sangre y aquellas partes del suelo que no lograste salvar de los chorros de el líquido rojo que brotaba de tu cuerpo hace unos instantes.

Que eso te sirva para recordarte que eres un humano errante, pero que es momento de obligar a la inteligencia a que se sobreponga a tu compasión y tus asquerosas depresiones, que no es lo mismo que vivir un duelo, por algo que ya no está.

Abre los ojos, ve cómo por lo que estás sufriendo no es aquello que ya no tienes, sino que te pesa tanto porque al no permitir que se vaya quien desaparece día a día eres tú; quien deposita su estabilidad en un objeto extraviado.

—Suelta el aire—.

Regreso a mis cinco sentidos, esta fue una experiencia intensa, no sé si me hastió verme derrotado y sentirme en el lugar más profundo de mi ser; pero enfrentar mi realidad me trae siempre dolorosas conclusiones. ¿Miedo?, mucho, y la soledad como la peor de mis consejeras, que abraza mi cuerpo y susurra al oído con una voz seductora que me domina.

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