Annie Hall: las maravillas fílmicas de las féminas

Por: Tony Llampallas

Entonces caminaba por las calles de la ciudad que habito, pensé en Woody Allen y sus 41 películas y en las pocas que he visto –todo mundo habla de él–, su éxito en taquilla, la nueva cinta que lanzará –como todos los años–, lo mismo por más de una década, ¿habrá cambios en esta nueva historia cinematográfica? No lo quiero saber, ya la veré con tiempo.

 Fue en un fin de semana cuando me atreví a ver después de varios meses una película más de Allen, recordé Manhattan y quise en ese momento ver un clásico, irme hasta 1977 donde disfrutaría de la fabulosa actuación de Diane Keaton y su estilo particular a la hora de hacer personajes. Me enamoré en los primeros minutos de la química que lograron los personajes Alvy Singer (Allen) y Annie Hall (Keaton) los cuales se hicieron extraños e idílicos en la cinta titulada Annie Hall.

 Imposible no pensar en New York, es Woody Allen manejando una espectacular fotografía de nuevo al estilo Manhattan, es él utilizando California como el lugar de la perdición, es él tratando de alejarse de una extraña relación, es un Alvy sarcástico, inédito, falso, un personaje que busca no enamorarse y que sintetiza una relación divertida como algo flexible, para finalmente darse cuenta que necesita estar más unido a esa relación pero ya es imposible.

 ¿Y nos gusta la filosofía Allenística? En lo personal, sí, utiliza elementos claves, la tristeza es la fuerza de cada celuloide imaginativo del director, sabe elegir los mejores actores y sobre todo comprende bien a cada personaje que crea, la psicología es la base de toda relación y el uso exclusivo que el tiene para crear regresiones es muy audaz y en ocasiones necesario.

 ¿Cómo habrá sido la vida del personaje si hubiera cambiado su forma de ser? Nos cuenta todo, lo que fue, lo que es y lo que será, puede resultarnos predecible, ambivalente, después nos pone los pies sobre la tierra y entendemos la historia, nos enfrasca en algo tan sencillo y le da solución a todos los actos caóticos y ese desenlace tal vez no es el que buscamos, pero es el perfecto para darnos cuenta que así debía terminar.

Annie Hall es un personaje atractivamente visual, tiene la grandeza del magnetismo y puede ser la devoradora de las actitudes de los otros personajes, convence, tiene ese poder de persuasión que posiblemente puede llevar consigo toda mujer, especial, única y siempre disfrazada de otras personalidades –como novia dócil–, no quiero convencer a nadie, sólo implemento avances de la realidad dentro del filme.

¿Todos somos tan extraños? Analíticamente es posible y esta obra visual –o como lo leí alguna vez, orgasmo visual–, es un realismo cotidiano, llevado de la mano de un guión creado a partir del grandioso bagaje literario que tiene Woody Allen, el gusto por grandes de la literatura clásica y moderna.

No le daré una calificación a Annie Hall, sólo quiero manifestar mi nueva afición por el estilo Allenístico, una tendencia más del cine, algo que se conserva y que además se va innovando, los últimos años  de la carrera del director Woody Allen se han visto fracturados por la crítica. Este creador magnífico es el dueño de nuevas aventuras y les aseguro que con su nueva cinta Midnight in Paris nos hará sentir al viejo-joven Allen.

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