¿Has oído hablar de las sirenas?

Ya pasaron varios días desde la última vez que posé mi pupila en la tuya. Se está desvaneciendo esa imagen que guardaba en mi memoria de la última vez que miré tu cara. Todo tranquilo, no le temía a nada, total, nada estaba mal.

Me rehuso a pensar que aquello no era lo correcto, vendrían  futuras confusiones y casi podía vislumbrar una imagen mía de nuevo encerrado en mi habitación, fumando cantidades industriales de cigarrillos, con la música que me habla de todo lo que pudo ser pero no es; aquella que prefiero para mis ratos tristes.

Esperando llamadas, mensajes, cualquier posibilidad que me haga entender que no estuvo mal, que no fue una ilusión, que pasó algo increíblemente especial y que también para ti lo fue. Debe importarte si no ¿por qué dirías que me extrañas y me quieres? ¿Por qué querrías estar conmigo? Sí definitivamente te importo.

Hace un par de semanas tuve un argumento con quien yo creía mi mejor amiga, ella me gritó a la cara que soy un cretino, que no me doy cuenta de nada. Y la puse en su sitio; seguramente ella, por estar sola, no entiende esta pasión que me quema, este amor que está surgiendo.

¿Cómo se atreve a llamarte de esa forma? Se tomó la molestia de explicarme que hay personas que nos dañan sin que nos demos cuenta, y que existen distintas clases de mujeres que sólo tienen ciertos intereses en la mente.

Reí, ¡estúpida! —Pensé—, ¿qué huevos le pasa, y con qué autoridad clasifica tus sentimientos? Envidia, hay gente que no me quiere ver feliz, pero a ti sí te importo, lo sé, me lo has dicho, me quieres, lo siento, lo veo, lo leo ¡te creo!

Hay algunas cosas que todavía no me quedan claras pero seguramente es cuestión de que te vuelva a encontrar en cualquier lugar, puede ser en persona, pero no importa si es virtualmente, dime esas cosas que necesito, dime aquello que me hace sentir feliz, pleno, especial. Si no es verdad continua mintiendo que eso mitiga mi agonía de pensar que soy un capricho tuyo más.

Ayer por la tarde encontré al amigo que nos presentó, quien se encargó incluso en varias ocasiones en motivarme para que aceptara salir contigo, un cosa nos llevó a la otra e inevitablemente le comenté que algo especial pasaba. Se echó a reír, ahora resulta que no entendí sus palabras, que él también me advirtió que no debía estar mucho tiempo ahí.

¡Cretino, ardido! No entiendo por qué todos están en mi contra, ¿amigos? Nadie que se pueda hacer llamar así si le niega la oportunidad de ser realmente feliz con quien queremos. Todas esas patrañas sobre que mujeres como tú son expertas en conseguir que hombre como yo nos ilusionemos me resulta insultante.

Resignarse es peor que enamorarse y yo renuncio a la posibilidad de darles la razón, no puede ser posible aquello de que utilizas lo mismo para que otros permanezcan a tu lado, no, claro que no, yo soy especial, tú me lo has dicho. Aquello…. Bueno qué más da, aquello seguro fue un error mal interpretado.

Es verdad que en ocasiones no comprendo pero ¿y qué? Te cambio un rato de lo más parecido a la felicidad por minutos, horas y días de confusión, bien valen la pena, total acostumbrado estoy.

¡Quiéreme, quiéreme, por favor, quiéreme! Te grito en silencio, me muerdo los labios, y aprieto mis puños, esto no puede ser tan caótico que no me deje un buen sabor de boca.

Es más lo de hoy seguramente fue una equivocación, sí eso es, no quisiste decir eso y no sabías que me lastimaba, no pensaste en el daño que me hacías, te entiendo, tranquila.  Tú no propiciaste esto, y para nada es tu culpa.

Lo que pasa es que debimos hacer de esto nuestro secreto más preciado, quedarnos con esto sólo tú y yo, si la vida me da otra oportunidad así será, lo prometo. Y por tu indiscreción no hay problema, entiendo que no fue tu intención, es culpa de él y de sus enfermizos celos, tú eres sólo una víctima indefensa de las circunstancias.

Tan víctima como de todas aquellas calumnias que la gente dice de ti, ellos no saben lo que en verdad eres, la pureza que tus ojos reflejan, la honestidad que tu mirada me transmite y todos los sentimientos que tu piel emana.

No te preocupes, no es culpa tuya, todo es culpa de ellos, ellos que no quieren vernos felices. ¿Por qué darle importancia a lo que digan? Total seguramente nunca se han enamorado, esto es tan especial que me atrevo a afirmar que a nadie más le ha pasado, somos afortunados de tener una historia que jamás se ha visto y jamás se repetirá única para ti y para mí.

Además me he equivocado mucha veces, contigo debe ser diferente, he aprendido de mis errores claro que sí, soy más maduro, más adulto, más consciente, mejor.

¿Has escuchado el mito de las sirenas, aquellas criaturas que a la distancia de veían hermosas y atraían a los marineros con sus hermosos cantos? Los hipnotizaban, a todos y cada uno, con todos era lo mismo y todos inevitablemente caían.

Hoy comprendo que si una de aquellas criaturas hubiéra tenido una hija con la mítica medusa, sería lo más parecido a ti, porque me convertí en piedra desde que te conocí.

Sálvame tú que ahora no hay nadie a mi lado y ni yo mismo sé cómo sacarme de ahí, me siento más desprotegido que cuando todo esto comenzó. Quisiera poder perdonarte, pero no puedo perdonarme ni yo mismo. ¿Arrepentido? No creo, me compadezco de nuevo en este mi hogar, vacío y solo.

2 Comments

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  1. as visto alguna sirena si la as visto agregame saragonzalezcamarmo@hotmail.com porfavor

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