Cucarachas contra Humanos: la historia (Sin censura)

Por: Tony Llampallas.
 
No sé por qué me tarde tanto en escribir “Cucarachas contra hombres”, lo pensé mucho y probablemente por mi complejidad humana, algo que nunca escribiría y sí, a pesar de tratar de hacer algo “fuerte”, no pude, porque sigo en la búsqueda de respeto literario. Aquí les dejo la primera entrega de “Cucarachas contra hombres” una historia explícita, más enredada que las anteriores.

La siguiente historia puede herir susceptibilidades, es responsabilidad del lector.

Para ti que te quiero con toda mi alma:

Aquí narro todo aquello que sucedio y por lo cual busco el perdón de Dios, aunque sólo sea un pequeño error natural:

El hedor lubricado de la inserción que cometí en el último instante de vida de aquella chiquilla, estuprada por el forzamiento de mi cuerpo ante su insensibilidad, aún estoy estimulado y me provoca impulsar mi bálano hacia su cadáver; pienso en este cuerpo inocente que lleva horas sin movimiento, me doy cuenta que me excitan más los ruidos de horror que emitía mientras la despojaba de su ropaje.

Hoy por la mañana la vi, pude olerla en el parque mientras jugaba, era tan intrigante imaginar sus labios, su piel suave, su cabello lacio y sus ojos llenos de alegría, corría y no paraba, era mi única oportunidad, el alimento perfecto para mis placeres y aún más para mis pequeños hijos. Cuando su madre caminó hacia la acera para tomar un taxi decidí atrapar a la pequeña, la golpeé con una piedra que estaba cerca del columpio, tal vez en ese instante estaba muerta.

¿Acaso no había arruinado mi fantasía? Gracias a Dios, no, estaba viva, respiraba como un pequeño canario –aquellos animalitos que mi madre colocaba en el jardín –, yo no tengo canarios pero sí un gran número de blatodeos, mis niños, ellos necesitan alimentarse y yo imploro por un momento de satisfacción sexual, sólo con estos pequeños inocuos, –llamados niños–,  puedo llegar al éxtasis.

Cuando metí a la niña en el saco plastificado, me sentía seguro, la arroje a la camioneta y me subí de inmediato, arranqué y volteé a ver a su madre, asustada, gritaba con irá, buscaba a su pequeña hija, “Lina, Lina” –gritaba con pavor–. “Esta aquí, no la volverás a ver nunca” –me dije–, me provocaban aún más los gritos de la madre y pensar que pronto devoraría a su Lina.

Al llegar a mi casa, sola, vieja, destruida por el mal tiempo, escondí la camioneta en el garaje y saqué a Lina del saco, la lleve de inmediato al vestíbulo y mientras revisaba sí seguía con vida, despertó, qué gusto me dio,  comenzó a gritar, lloraba, imploraba ver a su madre y yo le sonreía, saqué mi lengua húmeda, deseosa y la pasé por su rostro, sus labios tersos y rosados me incitaban a llevarlos a un lugar más exquisito, no lo dude, lo hice, baje mi cierre del pantalón que ya estaba calado por la estimulación, el momento que tanto había esperado.

Lila me rasguñó, me golpeaba con sus pequeñas manos, yo no sentía nada, ella no podía hacer más, estaba sometida a mí, saqué mi glande y lo coloqué en su rostro, Lila lo miraba con asco y lloraba, no podía contenerse, imaginaba que en el fondo le gustaba, lo deseaba y fue cuando decidí hacer sexo oral con su pequeña boca, inmediatamente Lila devolvió su alimento matutino, tal vez leche con chocolate o pastelillos.

Mi excitación me pidió ser un poco más severo con la niña, mi verga estaba manchada, lista para todo, le di una bofetada, le arranqué algunos cabellos y la volteé con enfado, me estaba sacando de quicio el que no se mantuviera quieta, la golpeé una vez más pero ahora con el puño cerrado, se desmayó, eso fue lo mejor que me pudo a ver pasado.

Me desnude, no tenía que pensarlo, ya estaba listo, rompí su vestido azul adornado con pequeños moñitos, no lo hice con tijeras, tenía que ser algo más brillante, mis manos, sí, así fue como rompí la ropa, con toda la fuerza y la estimulación que me invadía. Finalmente ya estaba desnuda, me di cuenta que tenía sangre en el labio y la lamí, yo no podía parar de reír, era tan indefensa.

La posición en la que estaba me hizo pensar tantas cosas, llegó a mi mente cuando mi pequeña hija Isolda me suplicaba que no lo hiciera, la tenía en la misma posición, bocabajo, ella ya estaba muerta, en cambio, Lila lo sentirá todo y eso me conmueve menos. Ya quiero hacerlo, no sé qué me impide, creo que falta algo, eso es, necesito incitar el dolor, tiene que estar despierta.

Tomé el cuchillo cocinero que me regaló mi esposa al cumplir catorce años de matrimonio, soy chef,  por cierto tenía que ir a cenar con ella esa noche, pero no podía pensar en eso, apreté su cuello diminuto y lo enterré en la espalda, exactamente donde comienza la columna vertebral, lo soterré y comencé a arrástralo hacia abajo, Lila gritaba horrible, se movía como un insecto cuando le entierras una aguja.

Mientras la pequeña sentía el dolor, penetre mi falo por su vagina, había más sangre, tenía tanta risa, emití una carcajada mezclada con placer e inicié con mi cometido, apretaba las nalgas mientras la violaba, sí la estaba violando, era algo nuevo, ya lo había hecho en muchas ocasiones pero esta era especial, me había tomado todo el tiempo para conocerla y estaba profundamente enamorado de ella.

Extraje con los labios la jugosa sangre que brotaba de su espalda herida, la muñequita ya no gritaba, ya no se movía, saqué mi verga y la coloqué en su rostro, eyaculé y observé detenidamente sus ojos abiertos, en blanco, el cabello manchado de sangre y sus labios abiertos del último gemido que le había hecho producir, todo duro tan poco, yo estaba enfadado, decidí largarme de ahí.

Antes de irme tenía que darle de comer a mis hijos, tomé a Lila y la llevé a una mesa que estaba cerca del sillón donde había muerto, sería muy difícil desarme del cuerpo y por ello mí decisión fue destriparla por completo, cortarle los miembros y hacerlos pequeños con un serrote que guardaba en la bodega.

Cuando comencé a cortarle las piernas con el serrote, recibí una llamada y conteste el teléfono, era la mamá de Lila, me llamó preocupada diciendo que la niña había desaparecido, yo me asuste mucho y le dije que de inmediato estaría ahí, mi hermana siempre me interrumpe cuando algo está pasando y más si se trata de los niños, colgué y terminé de cortar a la chiquilla, coloqué los trozos de cuerpo en el mismo saco plastificado donde la había robado.

Después de sacar las tripas y todos los fluidos me dirigí al sótano, ahí estaban mis blatodeos, o bien mis cucarachas, yo tenía hambre y ellos también, todos estaban en una pecera, aunque nunca les prohíbo andar por la casa, están muy gordos y necesitan alimentarse bien, solté todo el cuerpo de Lila dentro de la pecera comenzaron a comer exquisitamente, yo tomé algunas cucarachas y la puse en un recipiente de plástico, me dirigí a la cocina y las preparé en caldo, un caldo muy rico, tanto como la satisfacción que había obtenido horas antes, llevaba cebolla, ajo, tomates y aproximadamente medio kilo de blatodeos, un platillo que no es muy común pero que no hace mucho había experimentado.

Cuando llevaba una cucharada a mi boca, sentía como explotaba el liquido baboso de sus cuerpecillos eso me daba la sensación de alegría porque por fin había cumplido con un cometido, mis niñas estaban contentas y yo también, disfrute mi platillo por unos cuantos minutos hasta que una vez más mi hermana llamó al celular, contesté y le dije que ya estaba en camino, ella me informó que ya había levantado una denuncia y me sentí afligido con la esperanza de que mi hermana encontrara la paz.

Cuando colgué el teléfono le di un sorbo a mi té de hierbas que había preparado, me limpié los labios y observe a mis hijos degustando su alimento, miré mis manos y me dije, “Lo hice y no me arrepiento, lo haré y probablemente dude”.

Nota: Espera la próxima entrega, esto fue sólo el comienzo.


		

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