Con la muerte en los hombros: El vocablo (Segunda entrega)

Por: Tony Llampallas

No puedo definir la palabra, me es agotador contar todo lo que siento y vivo, soy extremadamente consciente y pocas veces puede hablar aquello que me gustaría expresar y sacarlo a relucir por completo, creo que estoy perdiendo el rumbo para darle explicación a la palabra, pero qué será, tal vez no exista y yo la estoy idealizando como algo que vive conmigo cotidianamente.

Soy la tragedia misma, como el cuadro al cubo, como el triangulo a la pirámide, como lo dimensional a lo bidimensional, cambios drásticos e imperfectos, soy una película de Wilder amargada por la expresión de los actores, por la temática del guión sólido, por los encuadres claroscuros. Soy un poema de Poe, más de cien versos transcurren por mi mente, todos con una misma secuencia, todos llevados a la catástrofe.

Y qué decir de mi sangre infectada por los químicos del tabaco, una mezcla de angustia y nerviosismo que consume mí existencia y le quita minutos a mis órganos, entre ellos mi corazón que está invadido de pensamientos transversales, lo dañan, y provocan un cansancio inevitable pero bien sabido.

Lo sé todo y no me importa, quién me importa, absolutamente nadie. Soy el golem fabricado de la materia inanimada, no me gusta, pero lo disfruto, ¿percibes mi indecisión? Yo jugué con la muerte, y creí ser ella o más bien inventé serlo porque buscaba una salida, qué paso con ese juego, vencí, pero quede como medroso y tramposo.

No me siento importante por haber jugado con ella, pero tampoco me niego a la gloria. Tengo que definir esa palabra primigenia, aún sigo pensando,  la muerte provocó en mí un sentimiento inequívoco que tiene que ver con aquel vocablo, un capricho por el que siempre he sufrido, probar y disfrutar es muy difícil, tiendo a confundir las situaciones.

¡Ya! Creo que he descifrado el significado de la palabra, tiene dos vertientes, una es el anhelo, otra, el destierro, tal vez tenga que extrañar —aquí está la palabra —, para no anhelar algo y poderlo desterrar de mi mente, eso sucede, extraño  a la muerte, extraño verla, conversar y sentir su frivolidad que me enajena, cómo la hago regresar, necesito preguntarle tantas cosas, así como en vida debí solucionar muchos aspectos que me hacían anhelar pero que nunca pude desterrar.

Te extraño, te voy a extrañar, lo mejor será confinar lo mucho que me importas, aunque tenga que disimular, hice aquello que estaba en mis manos, no te importó, e igual nunca te importe, no lo sé, aunque me gustaría saberlo, yo te espero en todo momento, en este espacio activo, lo inactivo no tiene sentido, de la muerte  lo aprendí, ¡ay! Cómo anhelo a la muerte…

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