Disnea

¡Vamos enciende un cigarrillo!

-No entiendo, esa actitud desafiante ¿a qué juegas cabrón? —Le dijo mientras posaba la cabeza en su entrepierna—. Ten, ponte la mascarilla de oxígeno y deja de joder.

-Desde aquella vez no puedo estar sin ella, dependo tanto de ella que no sé si lo voy a soportar. La boca me sabe a látex todo el tiempo.

-¿En qué momento, cuándo perdiste la cabeza y pensante que la asfixia era lo más adecuado para incrementar la sensación placentera que recorría tu cuerpo?

-¿Qué estabas pensando cuando dijiste hola?… Sólo pasó.

Habían pasado ya cinco años después de aquella interminable madrugada con los ojos postrados en la luz blanca y lastimosa del foco sujeto al techo del hospital. Horas antes los camilleros entraron en la habitación a un chico desnudo con una bolsa de plástico amarrada, cubriéndole la cara, el vientre cubierto de semen y el cuello rasguñado, con hilillos de sangre roja —por la desesperación de querer arrancarse el plástico de la cara—.

¿Es posible alcanzar el nirvana del placer impidiendo que el aire llegue a los pulmones? Quizá sea algo de lo que nosotros nunca tendremos una certeza, pero para un adicto al sexo la exploración y experimentación no tiene límite, no hasta que éste se rebasa al menos. Es increíble la cantidad de prácticas y sugerencias que hay disponibles para ser leídas en la red.

-Cuéntame por qué lo hiciste, dime una sola cosas que tenga razón suficiente para no condenarte a mi lástima. ¿Fue la depresión?, quizá también el alcohol, ¡o ya sé! Aquella discusión que tuvimos después de follar.

-No es fácil para mí recordarlo, perno nada tiene que ver con nosotros. La adicción al sexo es algo que no cambia, no es una elección, no es reversible, míranos ahora todavía tengo que pensar en la sangre que emanaba de mi garganta cual erupción volcánica hacia la cara del doctor para no eyacular mientras te quejas y muerdes mi oreja izquierda.

¿Qué te provoca la sensación de esta horrible cicatriz que vive en el centro de mi garganta? Haz tocado los bordes que la cubren, dime cómo se sienten, ¿imaginas que el doctor pudo meter sus cuatro dedos por completo y jalar mi tráquea hacia él para que el aire pudiera avanzar y llegar hasta mis pulmones? La reconstrucción de ésta no fue nada fácil según dijo el doctor.

Sigo sin entender lo paradójico que resulta hacer un agujero dónde quepa por completo tu dedo pulgar para después tratar de suturarlo. Entiendo que fue una medida de emergencia, es lo único que sé.

Ahora ¿te importaría prender un cigarrillo?

-Tú de plano deseas matarte, si fumo en ésta a habitación cuando estemos los dos dentro de ella lo menos que pasará es que te de otro ataque que te llevará a urgencias.

-Me gustaría saber qué valor le darías tú la vida con una herida de cinco centímetros que atraviesa tu cuello, anda enciéndelo.

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